Claudia Avila Vargas

Bogotá,Colombia

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Las tortugas de mi mano

Las tortugas de mi mano

 

Septiembre 3

 

Como siempre mi hijo Emmanuel sigue enseñando cosas, pareciera que su misión en este mundo sea esa, claro,  la de permitirme aprender para luego compartir con mis estudiantes lo que ha pasado, afortunadamente soy educadora, y esto hace  del aprendizaje algo un proceso más enriquecedor.

 

Cuando llega la tarde, como todos aquellos que cuentan con la posibilidad hermosa de estar con sus hijos, cumplimos con algunos deberes escolares. Y hoy de esto quiero hablarles, de lo que sucedió la semana pasada en casa; como saben algunos me encuentro en el último trimestre de embarazo y al igual que cuando estaba embarazada de Emmanuelito converso con mi vientre todo el tiempo, cantamos y le describo todo cuando estoy mirando a mi alrededor, es decir nos comunicamos. Emmanuelito empezó como siempre hablar con su hermanito, con Santiago, y luego me pregunto… - Cuando yo estaba en tu barriga, ¿tú también orabas por mí y bendecías cada parte de mi cuerpo?- Claro mi cielo, respondo yo, pero sin saber la causa empieza a llorar.

 

 

- ¿Qué pasa amor? ¿Porqué estas llorando? - , pregunto y entre lágrimas, empieza a manifestar que el trata de copiar rápido en el colegio, pero aún no ha logrado que le rinda como a la gran mayoría de sus compañeritos, que es por esa razón que últimamente su cuaderno llega con rayones de colares señalando que no esta copiando, que se ha quedado atrasado, y luego termina diciendo que porque cuando el estaba en mi vientre yo no le pedí a Dios que bendijera sus manos para ser “turbo” (es decir rápidas), que sus manos tienen tortugas…que puedo decir yo, si nunca esas palabras las he mencionado en mi casa, si al máximo trato de explicarle pero no de una manera memorística, que puedo hacer, si la escuela que queremos pareciera que esta cada vez más cerca de un edificio que “roba sueños” – dígame usted, que puedo hacer yo-, si en ese momento sentí como todo se me desmoronaba.

 

Qué si trate de consolarlo? Claro, aunque no les niego que también me sentí impotente, con ganas de llorar, con rabia, con…bueno con tantos sentimientos encontrados que tal vez aquel que ha tenido hijos y allá pasado por esto me pueda entender.

 


Durante largo tiempo estuvo llorando, luego de un momento, menciona que tiene miedo de no poder hacer las cosas como los demás lo hacen, que en su colegio algunos niños pueden hacer las cosas mucho mejor que el, pero que aunque se empeñe , los resultados no son los que quisiera, ¿porqué las caritas tristes a veces  aparecen en algunas hojas de su cuaderno?… -Suspiro-.

 

Ustedes que no vivieron lo que yo, díganme, como una carita triste puede generar tanto en el corazón de un niño.

 


A veces en casa cuando se baja de la ruta, llega corriendo abre los cuadernos, y si tiene una carita triste en su cuaderno, me dice que hagamos la corrección, y cuando la hacemos el se escribe muy bien y cambia el dibujo. Todo es mágico en el, como no permitirme reaprender de todo esto; como no hablarles a mis chicos en formación de profesores, que no coloquen caritas tristes en sus valoraciones. Como es que no somos capaces de ver en los ojos de los niños asombro. Como es que no vemos “luces en los árboles, así no las tengan”, como no soñar.

 

En ocasiones noto a mi niño angustiado por las valoraciones numéricas, por un 45, 50, un 35...me confundo, por que lo que más quisiera es que ese lenguaje no lo adquiera, que la preocupación no fuera esa; aunque le recalco que eso no importa, su afán lógicamente es la competencia, porque de eso se tratan las notas, de la competición. Este mismo argumento es el que a diario les digo a los chicos de la Facultad de Educación de la institución donde laboro, - Mis amores la valoración no es importante, lo fundamental es que comprendas, es que lo que haces tengo sentido para ti-.

 

 

La siguiente semana inicia, “semana de evaluaciones”, y aunque es mi mayor sufrimiento comprender estos procesos; (claro por mi manera de ser, porque si no hago yo parciales, quiz por que no estoy de acuerdo con ese tipo de medición, imagínense en un niño…, mucho peor...) Pues nada, en la tarde cuando llegue, seguiremos jugando (la que luego les compartiré) con la ruleta y a adivina quien, para ir repasando contenidos… pero ojo no a memorizarlos.

 

Espero entonces que esto que les cuento, que no es más que una experiencia y un sentir de madre, los lleve a recapacitar si en momentos han visto a sus hijos tristes porque no les rinde académicamente y al contrario de reconfortarlos los regañamos más o les decimos,… ya estas grande, debes hacerlo.

 

Recordemos por favor, James Comer dice que ningún aprendizaje es significativo si no existe una relación significativa entre el docente y el educando, le añadiría yo, - sin una relación significativa entre los padres y el hijo, me refiero a que nos tomemos un tiempo para recapacitar y para dar lo mejor de nosotros en cada uno de los instantes en que nuestros hijos se deben enfrentar a las dichosas “Evaluaciones”, para qué sentarlos por minutos que se convertirán en horas, haciéndolos memorizar conceptos que no tienen sentido; porque, al contrario hacerlos que sientan estos minutos como un juego más, como un concurso... No sé, cada quien con todo su ingenio con su creatividad  invente algo-.

 

 

 

George Washington mencionaba  que todo aprendizaje se debe entender a partir de las relaciones con otros, es decir que la convivencia y las relaciones humanas logran hacer del proceso de aprendizaje algo mucho más exquisito siempre y cuando participemos muchos de este momento; entonces, le pregunto? Cómo no hacernos participes del aprendizaje de nuestros hijos, no solo para una semana de evaluaciones, sino para la vida. Se que el tiempo es corto, dirán algunos, que el trabajo lo impide, pero crecen tan rápido que cuando nos demos cuenta por estar ahorrando habremos desperdiciado el tiempo más valioso con ellos. Algunas personas me dicen en momentos que estoy mucho tiempo con mi hijo y que he dejado mi vida de lado, y yo al contrario pienso, que es por Emmanuel que he empezado a vivir, indudablemente, el verdadero sentido de la vida y de las relaciones en pareja, se convierten en intensas cuando los minutos se vuelven mágicos y escuchas a tu hijo reír por que su Padre le hace cosquillas, o porque sientes con ellos su corazón palpitar sin que estén a tu lado. Entonces porque no comprender que el amor en pareja es mucho más piel; para sentir amor, es necesario cerrar los ojos y sentirte  tranquilo o tranquila con la persona que Dios eligió para ti.

 

 

Bueno, bueno, me salí del tema, quiero terminar contándoles como elevo la autoestima de mi hijo. Claro con frases de aliento como… eres el mejor, el mejor sin comparación; eres un campeón; que bonito estas haciendo las cosas; me siento muy orgullosa de ti; eres muyyyyy inteligente… son algunas de las que le menciono. Es en esos momentos cuando siento a mi hijo como si tuviera una capa mágica y volara entre las nubes, como si fuera el más fuerte de los súper héroes y aunque le cueste trabajo hacer algún deber escolar lo hace, muestra su cuaderno y espera una sonrisa y un abrazo de parte mía, y lógico una “carita feliz”.

 

Ojo mis queridos lector una carita triste te puede arruinar un momento, un instante, muchas horas… pero una  sencilla frase como “Tu puedes hacerlo “,  “inténtalo de nuevo” puede  generar conmoción en tu corazón y hacerte entender que estas en una mala “racha”, solo eso pero que la próxima de seguro te saldrá mucho mejor.

 

Ahora si los dejo, como siempre gracias por leerme y dejar sus comentarios si lo desean.

 

Bendiciones.

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Comentarios: 7
  • #1

    deisy cortes (lunes, 08 septiembre 2014 10:10)

    Claudita... Que rico saber que estas esperando otro bebe... Me alrgro por ti... Besos y abrazos...

  • #2

    Sergio Bosio (lunes, 08 septiembre 2014 10:49)

    Claudia amiga, Igual que Deisy me alegra saber de tu embarazo.
    Yo le contaría un cuento a Emmanuel sobre una tortuga lenta, entre tortugas de la misma edad. Y como a pesar de estar en al mismo grado, misma aula, no son todos iguales.
    Lo sorprendería contándole las maravillosas virtudes de cada tortugita.
    Seria largo y mis tiempos cortos para escribir un cuento que se que tu lo harás mejor, conociendo al niño y sus circunstancias.
    A vos te contaría que ellos los niños no tienen la culpa de que la escuela no sirva con la organización de grados y edades como esta.
    Espero te sirva algo de lo que te escribi rapidito.
    Un abrazo y bendiciones !
    Sergio

  • #3

    Pacho (lunes, 08 septiembre 2014 21:24)

    Lo más importantes es el amor con que educas a tu hijo, históricamente la escuela ha sido un espacio que solamente difunde lo que creen universal, por tanto la diversidad no es reconocida. Tu experiencia nos enseñan que una evaluación en que no se tengan en cuentas las diferencias, no tiene sentido. Esa no es la escuela que quiero para mis hijos y nietos en el futuro. Un abrazo

  • #4

    Alexis Samper (lunes, 08 septiembre 2014 22:12)

    Gracias por tan excelentes recomendaciones, siempre en un gusto leerlas.

  • #5

    Oscar Avila (lunes, 08 septiembre 2014)

    Patico yo le contaria la historia de su tio oscar que con una mano diferente siempre ha hecho la diferencia y por ella es bendecido, las tortuguitas son mas veloces para pensar sin necesidad de correr los quiero su tio oskar

  • #6

    Patricia Agudelo Franco (jueves, 11 septiembre 2014)

    Me parece una excelente reflexión profe, me sirve tanto como madre y también como docente.

  • #7

    Laura Daniela Quintero (martes, 30 septiembre 2014 20:30)

    Lo leí en compañía de mi familia excelente escrito demasiado enriquecedor mil gracias por compartir experiencias y dar recomendaciones