Claudia Avila Vargas

Bogotá,Colombia

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Evaluando mis prácticas desde el ser docente

Inicio mi escrito con una confesión, estar en la FEDU, me ha hecho vivir y entender el proceso de la evaluación realmente como un PROCESO, no como un espacio en el semestre académico donde se miden los conocimientos de los educandos.

 

Pero por qué? Para ello debo remontarme a mis sentires, a mis aprendizajes, los cuales han ido creciendo con deseo incesante en el entorno denominado aula de clase.

 

Sin duda para hablar de la evaluación es necesario entender lo que se teje en el aula, lo que se planea, lo que se dispone, es decir… A menudo les menciono a los chicos con que comparto mi aprendizajes (mis estudiantes) que yo no preparo clase – cómo así- yo dispongo la mesa para un banquete, para el mejor, por lo tanto, llevo conmigo los mejores ingredientes y recursos para cautivarlos y enamorarlos de su proceso de formación de docentes. En este discurso metafórico donde vivimos el día a día con mis chicos, nos hemos entrado con permitirles que miren el proceso de formación como un compartir más, nunca como el escenario donde yo doy todo. Con anterioridad dispongo los recursos que se requieren para el siguiente encuentro, ellos por su parte como trabajo autónomo leen, visualizan vídeos, escuchan las reflexiones que les dejo, y en clase, todo se convierte en una sorpresa, en donde sin saber ellos, a partir de sus revisiones damos paso al desarrollo de actividades donde los chicos muestran lo que comprendieron, comentan, participan, sueñan… y es ese el proceso donde YO como docente me gozo el escenario, me deleito de los platos tan exquisitos que llevan, aprovecho, disfruto y claro valoro sus esfuerzos. Lógicamente a partir de rúbricas que se han elaborado con anterioridad, las cuales han sido desarrolladas para ellos, en su lenguaje, no en el mío, es decir, es ese el momento donde YO me pongo en sus zapatos, entre todos debatimos y nos damos, si me lo permiten expresarlo, palo frente a lo que entregamos.

 

 

Cada momento en la facultad de educación o corte como le llaman en otras universidades, está compuesta por un número determinado de semanas. Y es precisamente en cada uno de ellos  donde los chicos de manera  grupal se escuchan, se leen, se narran, se graban, se piensan desde el mismo escenario del ser docente, cada actividad les permite imaginarse como docentes una y otra vez, esto permite que entre todos se de  una valoración del trabajo del otro (coevaluación) , una segunda donde la tutora ( o sea yo , jajajjajaja) da una valoración frente al ejercicio desarrollado (heteroevaluación) y la última que les permite analizar si lo que han traído a la mesa hasta ahora ha sido valido o no, si han disfrutado del banquete como se lo merecían, o si por el contrario , como les digo a menudo han pateado la lonchera ( autoevaluación).

 

Algunos de los chicos siempre están en la expectativa de conocer el cómo me evaluarán, el qué me evaluaran, pero pareciera que se les olvidara lo más importante, el para qué me sirve que yo me evalué. No sé si soy clara, a mi como docente de Formadores de nada de sirve continuar con un aula llena de chicos que no están en clase, es decir, que están pero se van… donde sus mentes desean volar a otras galaxias. Por ello debo hacer de mi escenario algo soñador, el mejor, cada día, cada clase, es mucho mejor que la otra, o por lo menos yo la siento así  y como le mencione a una amiga de la Facultad a veces siento que me elevo en la clase. Yo necesito que ellos se piensen en positivo, todas las clases les digo que son los mejores docentes, que me alegro que sean los profesores de mis hijos, que confío totalmente en ellos. Estoy segura, completamente que esto hace eco en ellos.

 

Ahora me devuelvo un poco al primer día de clase, nunca se presentan, ¿por qué? dirá el que lee, porque necesito que ellos empiecen a enamorarse del ejercicio docente y cual sherezade en  las mil y una noches inicio mi ejercicio de hacer que mi VIVENCIA (Ojo no discurso, no palabrería) los cautive. Ese día les doy un papel pequeño que dice que son los mejores docentes, que se han ganado un cupón que les permitirá conocer su valoración final para el semestre con antelación… Claro, es un EXCELENTE, un 50, un 100 si lo quieren pensar de manera cuantitativa, les digo que de ellos depende continuar con ese cupón o ir desgastándolo y cambiando la imagen que tengo de cada uno.

 

La semana dos les llevo un pedazo de cartulina para que coloquen su nombre, les hago colocarlo en un lugar visible para llamarlos durante todas las clases por sus nombres. Pero para que cuento esto? Porque mis queridos compañeros de lectura, es en esos primeros escenarios donde se debe empezar a cambiar el sentido de la evaluación, permitirles a los chicos pensarla y sobretodo vivirla de manera diferente. La evaluación se siente, se goza, se sueña, no se mide. La evaluación no es solo el momento del parcial… de la hoja, la evaluación es todo, todos estos ejercicios y otros me permiten a mí, que ellos me analicen  y al finalizar cada momento me digan si les ha parecido la cena o no.

Estos días encontré a una compañera de la facultad, con un sin número de hojas “evaluando… conocimiento”, no digo que este mal, solo digo que si estamos formando docentes debemos hacer cosas diferentes, las aulas “salones” deben estar dispuestos diferentes, las dinámicas pensadas para otros discursos, mis profes tal vez algunos están de acuerdo o no, pero no estamos formando ingenieros, empresarios, arquitectos… o bueno si ingenieros creativos, empresarios educativos comprometidos y arquitectos de sueños, estamos formando DOCENTES, entonces no nos quita nada si cambiamos las dinámicas, si dejamos de pensar en los “parciales”, los cuestionarios tediosos y sin sentido de un libro… yo no sé, pero aunque muchos de los que leen este escrito fueron docentes míos, que sea el momento para decirles que de las fotocopias, de los libros que leí porque toco  … NO ME ACUERDO, de  eso, NO ME QUEDO NADA.

Me quedo con sus discursos, con sus corazones dispuestos, con sus vivencias, de eso si aprendí.

 

Mis compañeros de viaje como les escribo a menudo, los chicos nos leen, nos escanean y muchos de ellos nos llevan en su proceso profesional, entonces, ojo maestro… que el cambio es nuestro. Si no cambiamos las dinámicas ellos cometerán las mismas equivocaciones y harán de la clase una industria más, una empresa más… Les parece si dejo hasta acá? De pronto me pongo pesada y la termino embarrando

 

Termino diciendo que esto es para mí la  REVALUACIÓN…es el proceso que me permite cambiar las prácticas que vive como educanda.

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